lunes, 13 de julio de 2015

PSEUDOCIENCIA EN LA ESCUELA (1)

Este pasado sábado 11 de julio tuvimos el inmenso placer de participar en el EEEP de Barcelona, bajo el sugerente título "El hombre de los caramelos: Pseudociencia en la escuela". La experiencia, habiendo sido enormemente positiva, nos ha convencido de la necesidad de dejar constancia escrita de los diversos aspectos que en ella tratamos, a la espera de colgar el correspondiente vídeo. Es por ello que aprovecharemos este caluroso verano para reflexionar en este blog sobre la escuela, la pedagogía y los diversos métodos (con parecidos razonables a los famosos "productos milagro") que han pululado y/o pululan por nuestras aulas. Por unas cuantas entradas vamos a dejar la traducción de artículos escépticos de un lado para escribir nuestros propios artículos sobre ciencia y escuela, con una propuesta firme de antemano que abandone tanto la visión tradicional como la "cool" más propia del New Age: aquí defendemos la pedagogía basada en evidencias. 

La verdad, es que sólo quería hablar de pseudociencias en la escuela. Más o menos, desde un principio, tenía claro cuáles destacar e intentar analizar, pero a medida que seguí informándome, investigando, seleccionando fuentes y más fuentes, vi el enorme escollo que no había previsto en un principio: Houston, teníamos un grave problema. No hablo del consabido fracaso escolar, ni de leyes de educación (¿cuántas lleva este país en democracia?), ni tan sólo de pseudociencia (el tema que me animó a preparar la charla). Lo que me encontré en la red, en los artículos y libros consultados, es una enconada guerra entre dos visiones enfrontadas de lo que debe ser la escuela, el papel del maestro y el del alumno. 

Por supuesto, como en todos los órdenes de la vida, habían unos pocos abogando por cierto entendimiento entre las dos partes, pero allí estaba: la visión de una escuela tradicional contra la de una escuela nueva y más moderna. Una cruenta lucha en la que nadie cede lo más mínimo. En los extremos de esas visiones, nadie concede el beneficio de la duda al rival (en este caso enemigo) y todo lo que huela a uno u otro es automáticamente tachado de inútil o contrario al buen hacer pedagógico por parte de los contrarios. ¿Dónde me posicionaba yo? Y sobretodo ¿cómo hablar de pseudociencia en la escuela cuando el propio papel de esta no estaba unificado por los diversos agentes que en ella participamos?


El docente antidocente

Xarxatic es un blog fantástico escrito por Jordi Martí, docente, como él mismo dice, desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. Os lo recomiendo encarecidamente. Y es de él que saqué una magnífica reflexión inicial que era la del docente antidocente. Según Jordi Martí:

"Resulta curiosa la facilidad que tienen algunos de expresar máximas educativas de calado. Máximas que, supuestamente, también deberían aplicarse. Éste es el caso del docente antidocente. Sí, aquel docente que cree que todo el aprendizaje se da fuera del aula y que, la función del docente en pleno siglo XXI, queda reducida a poco menos que nada. Sí, apostar por la desaparición del docente cuando uno cobra por serlo es un poco difícil de tragar. Más aún si dichos postulados se dan desde la facilidad de no dar ejemplo. Porque, si uno no cree en el docente, lo mejor que podría hacer en caso de serlo es cambiar de trabajo. Ya está bien de criticar al colectivo y su función poniendo la mano cada mes para cobrar por hacer algo que consideran totalmente innecesario."

Este elemento deja bien claro hasta dónde hemos llegado por lo que respecta a la concepción social del profesor. El chiste gráfico de más arriba, mil veces comentado y visto, no sólo indica cómo ha cambiado el rol de las relaciones padres/hijos en las familias, sino cómo hemos dejado como sociedad que el maestro pueda ser amenazado, increpado o ninguneado por algunos. Pero la figura del docente antidocente indica hasta qué punto este desprestigio social ha llegado hasta la misma profesión. ¿Se imaginan a un médico diciendo cosas tales como "No creo en los hospitales, son lugares donde tener hacinados a los enfermos que mejor se curarían en sus casas" o "Los médicos no sirven de nada o de muy poco, hay muchas enfermedades que se curan solas"? Hay maestros que aborrecen el papel del maestro y la escuela. No creo que sean más que una minoría, pero el simple hecho de que existan (he conocido a alguno de ellos a lo largo de los años) me parece muy triste y una de las maneras más egoístas y cómodas de vivir esta profesión. Ni por un momento confundan a este patético y real personaje con los miles de maestros y profesores críticos con un sistema que atenaza y coarta muchas veces su creatividad, quemados hasta las cejas por tantas batallas perdidas ante claustros inmovilistas o leyes de educación cada dos por tres que desdicen la anterior y promueven "el nuevo sistema que nos llevará a la excelencia educativa". 

El docente antidocente es el equivalente al charlatán, el tipo (me niego a llamarlo maestro) que con su actitud cínica critica todo el sistema educativo y cuantas acciones se hagan dentro de él, dice tener todas las soluciones y, a la hora de la verdad, no pega un palo al agua mientras sigue mamando de la sopa boba que le proporciona el trabajar dentro de ese sistema e institución a los que tanto denigra. Vaya pues, este recordatorio a su triste, triste figura.


El papel de la escuela

Inevitablemente, hablando de educación, el debate se sitúa muchísimas veces, aún sin quererlo, en el terreno de lo ideológico. Toda ideología se sustenta en argumentos, algunos veraces y otros falaces, pero en ningún caso quisimos enfocar la charla por esos derroteros, aunque lógicamente, aún defendiendo la evidencia científica como motor de nuestro quehacer pedagógico, cualquier decisión metodológica implica en parte tomar parte a favor de una ideología u otra, según sea el método. No siendo esta la razón principal de escoger entre unas estrategias y metodologías, sino una consecuencia que, de todas todas, es inevitable, aceptamos cualquier opinión de tipo ideológico que pueda hacerse en contra al respecto de nuestras elecciones, siempre que entre todos asumamos que si fijamos la discusión pedagógica en el terreno ideológico, el consenso es imposible. 

Pongamos un ejemplo: la separación en la escuela por sexos. (1) No hace falta recordar quién está detrás en este país de esta manera de proceder ("Con la iglesia hemos topado"), pero sí convendría mirar qué nos dicen los estudios científicos al respecto, y estos son claros: separar por razones de sexo no implica ninguna ventaja para unos ni para otros a nivel de aprendizaje. Por supuesto, a nivel ideológico, podemos alegar mil objeciones, pero no utilicen el nombre de la ciencia para defender una posición que no está sustentada por ella. A pesar de ello, los colegios privados que separan por sexos van a seguir siendo financiados con dinero público. Fin de la cita.

Mirando qué papel debe ser el de la escuela, desde el método tradicional nos encontramos que prima (de hecho básicamente es lo único que tenían en cuenta) la adquisición de contenidos, saberes y cultura acumulados a lo largo de los siglos. La autoestima del niño, su libertad, el pensamiento crítico, son vocablos desconocidos para este método. Chino mandarín. Por otra parte, la escuela moderna, ha dado visibilidad, dignidad y respeto al alumno. La escuela nueva además introdujo la experimentación, el juego y la manipulación como procedimientos (¡irrenunciables!) mediante los cuales el alumno pudiera acceder de manera más significativa a aquello que se le quería enseñar. El problema es cuando renuncia o pone en un segundo o tercer plano la adquisición de saberes y contenidos y convierte, o pretende convertir, la práctica educativa en una especie de salón de juegos, donde el maestro simplemente observa y el alumno escoge. De ahí en parte deriva el constructivismo, del que hablaremos en un próximo artículo. Pero, a modo de adelanto y para que quede constancia desde un principio, la ciencia tira por los suelos muchísimos de los presupuestos constructivistas, hecho que detallaremos en ese artículo futuro.

Así pues, ¿es posible acordar el papel de la escuela? Invito a cuantos leáis este artículo a hacer vuestras aportaciones personales. Pero de manera rápida y también personal, hago una primera propuesta de qué deberíamos tener en cuenta en la escuela:


-Transmisión del saber y la cultura acumulados.

-Valores: respeto, tolerancia, democracia.

-Conocimiento del entorno.

-Autoconocimento: Autoestima y autonomía.

-Integración en la sociedad: Seres libres, comprometidos, participativos y socialmente responsables.

-Pensamiento crítico.


Quitad y añadid las que queráis. Por supuesto, aquí va a primar mucho el componente ideológico de cada uno, más que el científico, que por otra parte tiene mucho más que decir sobre el cómo llegamos a esos objetivos, que a definir cuáles son los objetivos.

En el próximo artículo, vamos a destripar el método tradicional y sus contradicciones con lo que dice la ciencia acerca de ese "cómo".

(1) Para más información sobre la segregación escolar por sexos: 

http://magonia.com/2012/08/24/con-la-escolarizacion-por-sexos-no-mejoran-los-resultados-academicos-y-aumenta-el-sexismo/

http://todoloqueseaverdad.blogspot.com.es/2012/08/la-separacion-por-sexos-en-la-escuela.html

http://www.vientosur.info/spip.php?article9083