jueves, 20 de marzo de 2014

ANN DRUYAN HABLA SOBRE CIENCIA Y RELIGIÓN

Ann Druyan es la co-escritora junto al fallecido Carl Sagan de la premiada serie Cosmos de la que la semana pasada empezaron a emitirse nuevos episodios, ahora de la mano de Neil deGrasse Tyson. Es co-fundadora de Cosmos Studios, así como Directora del Programa de Cosmos 1, la primera misión de la nave espacial de vela solar. Ella y Carl Sagan se casaron hasta la muerte de éste en 1996. Tienen dos hijos. Escrito por Ann, este es uno de los artículos más bonitos que hemos tenido el placer de traducir, ejemplo de vida, valentía y honradez intelectual. Disfrútalo.


He estado pensando acerca de la visión distorsionada sobre la ciencia que prevalece en nuestra cultura. Me he estado preguntando acerca de esto, porque nuestra civilización es completamente dependiente de la ciencia y la alta tecnología, pero la mayoría de nosotros estamos alienados de la ciencia. Estamos alejados de sus métodos, sus valores y su lenguaje. ¿Quién es el científico en nuestra cultura? Pues el Dr. Fausto, el Dr. Frankenstein, el Dr. Strangelove. Es el hacedor del pacto con el diablo que está obligado a terminar mal. ¿De dónde viene eso? Hemos tenido un largo período de éxito sin precedentes en el descubrimiento científico. Podemos hacer cosas que incluso nuestros antepasados ​​recientes considerarían magia, y sin embargo, nuestra autoestima como especie parece baja. Odiamos y tememos a la ciencia. Tememos a la ciencia y tememos al científico. Un tema común de las películas populares es alguna clase de científico loco sentado en algún sitio pretendiendo arruinar lo que es más preciado para todos nosotros.

Creo que las raíces de este antagonismo con la ciencia son muy profundas. Son antiguas. Las vemos en el Génesis, en esa primera historia, nuestro mito fundacional, en la que los primeros seres humanos están condenados y malditos eternamente por hacer una pregunta, por comer del fruto del árbol del conocimiento. Es desconcertante que Edén sea sinónimo de paraíso cuando, si se piensa en ello, es más como una prisión de máxima seguridad con vigilancia las veinticuatro horas. Es un lugar horrible. Adán y Eva no tienen infancia. Despiertan ya adultos. ¿Qué es un ser humano sin una infancia ? Nuestra larga infancia es una característica fundamental de nuestra especie. Nos diferencia, gradualmente, de la mayoría de las otras especies. Nos tomamos más tiempo para madurar. Dependemos de estos años de formación y del tejido social para aprender muchas de las cosas que necesitamos saber.

Así que aquí están Adán y Eva, que han despertado en plena madurez, sin la ternura y la memoria de la infancia. No tienen madre, ni tampoco nunca tendrán ninguna. La idea de un mamífero sin una madre es, por definición , trágica. Es el tipo de herida más profunda para nuestra especie; antitético a nuestra prosperidad, a lo que somos .

Su padre es una voz aterradora, sin cuerpo, que está furioso con ellos desde el primer momento en que despiertan. Él no dice: "¡Bienvenidos al planeta Tierra, mis hermosos hijos! Bienvenidos a este paraíso. Miles de millones de años de evolución te han preparado para que seas más feliz aquí que en cualquier otro lugar del vasto universo. Este es tu paraíso.” No, en cambio Dios pone a Adán y Eva en un lugar donde no puede haber amor. Sólo el miedo, y el comportamiento basado en el miedo, la obediencia. Dios amenaza con matar a Adán y Eva si desobedecen sus deseos. Dios les dice que el peor crimen, un delito capital, consiste en hacer una pregunta para participar del fruto del árbol del conocimiento. ¿Qué clase de padre es este? Como observó Diderot, el Dios del Génesis "amaba a sus manzanas más que a sus hijos."

Este imperativo de no ser curioso es probablemente el aspecto más auto-odioso de todos, porque ¿cuál es nuestra ventaja selectiva como especie? No somos los más rápidos. No somos los más fuertes. No somos los más grandes. Sin embargo, sí tenemos una ventaja selectiva que nos ha permitido sobrevivir y prosperar y perdurar: Un cerebro relativamente grande en relación con el tamaño de nuestro cuerpo. Esto ha hecho posible para nosotros hacer preguntas y reconocer patrones. Y poco a poco a través de generaciones hemos convertido esta aptitud en una capacidad de reconstruir nuestro pasado distante, cuestionar los orígenes del universo y de la vida misma. Es nuestra única ventaja, y sin embargo, esta es la única cosa que Dios no quiere que tengamos: conciencia, conciencia de nosotros mismos.

Quizás el Génesis debería leerse como una historia irónica. Aquí hay un dios que no nos da el conocimiento del bien y del mal. Él sabe que no conocemos adecuadamente el mal. Sin embargo, nos dice que no hagamos algo de todos modos. ¿Cómo se puede esperar de alguien que no conoce el bien y el mal que haga lo correcto? Al desobedecer a Dios, nos escapamos de su prisión totalitaria donde no se puede hacer ninguna pregunta, en la que nunca se debe cuestionar la autoridad. Nos convertimos nosotros mismos en seres humanos.

Nuestra nación fue fundada en un acto heroico de desobediencia a un rey que presumía de gobernar por derecho divino. Hemos creado mecanismos sociales y legales para institucionalizar el cuestionamiento de la autoridad y la participación de cada persona en el proceso de toma de decisiones. Es la cosa más original sobre nosotros, nuestra mayor contribución a la civilización mundial. Hoy en día, nuestros no-exactamente-elegidos funcionarios tratan de hacer que parezca como si cuestionar esta antigua historia sea erróneo. . . . Que la enseñanza de nuestra comprensión de la evolución de la naturaleza, que es un producto de lo que hemos sido capaces de descubrir a través de generaciones, de alguna manera es antiamericana o irrespetuosa con las creencias tan fuertemente arraigadas. Como si no debiéramos enseñar a nuestros hijos lo que hemos aprendido acerca de nuestros orígenes, sino que deberíamos seguir enseñándoles esta historia que demoniza a las mejores cualidades de nuestros padres fundadores.

Esto no tiene sentido y me lleva a una pregunta : ¿Por qué separamos lo científico, que es sólo una forma de búsqueda de la verdad, de lo que consideramos sagrado, que son aquellas verdades que inspiran amor y temor? La ciencia no es nada más que una interminable búsqueda de la verdad. ¿Qué podría ser más profundamente sagrado que eso? Estoy segura que la mayoría de lo que amamos y apreciamos más, y aquello en lo que creemos en este mismo momento, será revelado en algún momento en el futuro como algo meramente producto de nuestro tiempo y de nuestra historia y de nuestra comprensión de la realidad. Así que aquí está este proceso, de esta manera, este mecanismo para encontrar pedazos de realidad. Ningún pedacito es sagrado. Pero la búsqueda sí lo es .

Y así perseguimos el conocimiento usando el método científico para descubrir constantemente todos los errores que los seres humanos hacen crónicos, todas las mentiras que nos contamos a nosotros mismos para combatir nuestros miedos, todas las mentiras que nos decimos los unos a los otros. Aquí está la ciencia, justamente trabajando como una máquina incansable. Es un éxito fenomenal, pero su trabajo nunca se terminará .

En 400 años , hemos evolucionado desde un planeta de gente que estaba absolutamente convencida de que el universo giraba alrededor de ellos, sin la menor idea de que el Sol no gira alrededor de nosotros, y mucho menos de que no somos más que una minúscula parte de una galaxia que contiene aproximadamente cien mil millones de estrellas. Si los científicos tienen razón, si los recientes descubrimientos de planetas que giran alrededor de otras estrellas son correctos, hay quizás quinientos mil millones de mundos en esta galaxia, en un universo de tal vez unos cien mil millones de galaxias. Y es concebible, incluso posible, que este universo pudiera un día ser revelado por ser nada más que un electrón en un universo mucho mayor. Y aquí está una civilización que no tenía absolutamente ni idea hace cuatrocientos o quinientos años sobre su propio pequeño mundo y la imposible inmensidad mayor que lo rodea. Éramos como un pequeño montón de moscas de la fruta alrededor de una uva pensando en esta uva como el centro de todo lo que es. Para nuestros antepasados ​​el universo fue creado para un género particular de una especie en particular de un grupo en particular entre toda la impresionante variedad de vida que se encuentra en este pequeño mundo .

Sólo había un problema. Estos seres tan especiales para los cuales fue creado el universo tenían una fiesta llamada Pascua y la querían poder celebrar el mismo día a la misma hora. Pero en ese universo geocéntrico que felizmente habitaban, no había manera de crear un calendario viable que fuese coherente. En ese momento, hubo una frase para describir lo que era la ciencia. Está impregnada de inocencia encantadora y no poca auto-conciencia. Se llamaba salvar las apariencias. Esa fue la tarea de la ciencia: Guardar las apariencias. Encontrar una manera de tomar las apariciones reportadas de las estrellas y los planetas en el cielo y predecir con alguna fiabilidad donde estarían en el futuro. Es casi como si supieran que estaban viviendo una mentira cósmica. Llamarlo salvar las apariencias es maravilloso.

Así que se convocó el Concilio de Letrán de 1514, y uno de sus principales objetivos era descubrir un calendario que todo el mundo pudiera utilizar para que no estuvieran celebrando Pascua en días diferentes. Un hombre llamado Nicolás Copérnico, que era un hombre muy religioso, cuya carrera la hizo totalmente en la iglesia, ya se había dado cuenta de cuál era el problema. Fue invitado a presentar esta información en el Consejo, pero se negó porque sabía lo peligroso que sería perforar esta ilusión cosmológica. A pesar de que el Papa en ese momento no estaba en realidad terriblemente al corriente de esta idea, los temores de Copérnico no eran infundados. Incluso sesenta años más tarde, un hombre llamado Giordano Bruno fue quemado vivo por una razón: él no pronunció la frase: "No hay otros mundos."

He pensado mucho en esto . ¿Tendrías las agallas para estar dispuesto a ser quemado vivo? Bruno no tenía comunidad de pares para incitarlo. Él ni siquiera era un científico, en realidad no tenía ninguna evidencia científica, pero eligió esta muerte horrible porque se negó a decir esta frase: " No hay otros mundos." Es una cosa magnífica, es un misterio maravilloso para mí, y no creo que llegue a entender completamente cómo fue posible .

Copérnico encontró el coraje de publicar su idea cuando estaba cómodamente cerca de la muerte natural. Cuando en 1543, “Sobre las revoluciones de las esferas celestes” fue publicado, algo sin precedentes ocurrió: un trauma del que nunca nos hemos recuperado. Hasta ese momento, lo sagrado y lo científico había sido uno. Los sacerdotes y los científicos habían sido lo mismo. Es cierto que dos milenios antes de Copérnico habían habido los filósofos presocráticos, que realmente fueron los inventores de la ciencia y los valores democráticos de nuestra sociedad. Estos antiguos griegos podían imaginar un universo y un mundo sin Dios. Pero fueron por mucho la excepción, floreciendo demasiado brevemente antes de ser casi completamente extirpados filosóficamente por los platónicos. Muchos de sus libros fueron destruidos. Platón odiaba su materialismo y lo de los ideales igualitarios. Así que en realidad no fue una escuela de pensamiento vibrante con una continua tradición la que sobrevivió a través del tiempo, atreviéndose a explicar la maravilla de la naturaleza sin tener que recurrir a la hipótesis de Dios.

En realidad, todo empezó con un grupo de hombres religiosos poco corrientes como Copérnico, Newton, Kepler, y ( mucho más tarde ), incluso Darwin, quienes catalizaron esa separación entre nuestro conocimiento de la naturaleza y lo que creíamos en lo más profundo de nuestros corazones. Los cuatro tampoco tenían carreras religiosas o las estaban considerando como una profesión. Eran interrogadores brillantes y utilizaron las herramientas más agudas que tuvieron para buscar lo que era sagrado. Tenían la suficiente confianza en la realidad de lo sagrado como para estar dispuestos a mirarlo tan profundamente como fuera humanamente posible. Esta búsqueda inquebrantable llevó a nuestro mayor despertar - la revolución científica moderna espiritual. Fue un gran avance espiritual, y creo que es nuestra falta de reconocimiento a eso lo que explica gran parte de la soledad y la locura de nuestra civilización, esa gran parte del conflicto y odio a nosotros mismos . En ese momento, el público y sus instituciones religiosas, por supuesto, rechazaron de plano sus más profundas ideas sobre la naturaleza. Fue varios cientos de años antes de que el público realmente pensase en esto, y se tomó en serio lo que decía Copérnico. Los últimos cuatro siglos de desconexión entre lo que nuestros mayores nos decían y lo que sabíamos que era verdad han sido costosos para nuestra civilización.

Yo creo que todavía tenemos un caso agudo de síndrome de estrés post- copernicano. No hemos resuelto el trauma de perder nuestro sentido infantil de la centralidad en el universo. Y así, como sociedad, mentimos a nuestros hijos. Les contamos una historia paliativa, casi para garantizar que van a ser niños para toda su vida. ¿Por qué?¿ Es la idea de que muramos tan inaceptable ? ¿Es la idea de que somos pequeños y el universo demasiado vasto un golpe a nuestra inestable autoestima?

Sólo ha sido a través de la ciencia que hemos sido capaces de perforar esa infantil y disfuncional necesidad de ser el centro del universo, el único objeto de amor de su creador. La ciencia ha hecho posible la reconstrucción de nuestro pasado lejano y sin la necesidad de idealizarlo, como un adulto incapaz de hacer frente a los abusos de la infancia. Hemos sido capaces de ver nuestra pequeña casita tal como es. Nuestra concepción de nuestro entorno no necesita seguir siendo el punto de vista desproporcionado del todavía niño pequeño. La ciencia nos ha llevado al umbral de aceptación de la inmensidad. Nos ha llevado a la pasarela del universo. Sin embargo, estamos espiritualmente y culturalmente paralizados e incapaces de movernos hacia adelante, para abrazar la inmensidad, para abrazar nuestra falta de centralidad y encontrar nuestro lugar real en el tejido de la naturaleza. Que incluso hagamos ciencia es un indicio de esperanza para nuestra salud mental. Es un gran avance. Sin embargo, no es suficiente; hay que tomarlo en serio.

¿Qué sucedió hace cuatrocientos o quinientos años? Durante este período hubo una gran bifurcación. Hicimos una especie de acuerdo con nosotros mismos. Dijimos, bueno, gran parte de lo que creíamos y lo que nuestros padres y nuestros antepasados ​​nos enseñaron, es insostenible. La Biblia dice que la Tierra es plana. La Biblia dice que fuimos creados por separado del resto de la vida. Si nos fijamos en su verdad, tienes que renunciar a estas ideas básicas, hay que admitir que la Biblia no es infalible, que no es la verdad del espíritu del creador del universo. Entonces, ¿qué hicimos? Hicimos un tratado corrupto que dio lugar a una paz turbulenta: Construimos una pared dentro de nosotros mismos.

Nos hizo enfermos. En nuestras almas apreciábamos un mito que no tenía raíces en la naturaleza. Lo que en realidad sabíamos de la naturaleza lo compartimentamos en un lugar que no podía tocar nuestras almas. Las iglesias acordaron dejar de torturar y asesinar a los científicos. Los científicos pretendieron que el conocimiento del universo no tuviese implicaciones espirituales.

Es una tragedia catastrófica que la ciencia cediese la elevación espiritual de sus revelaciones centrales: la inmensidad del universo, la inmensidad del tiempo, la relación entre todas las formas de vida y que lo que hay de precioso en este pequeño mundo .

Cuando digo "espiritual", nombro una palabra complicada que tiene algunas asociaciones desagradables. Aún así, tiene que haber una palabra para ese sentimiento de inmensidad que experimentamos cuando contemplamos 13 mil millones de años de evolución cósmica y cuatro mil quinientos millones de años de la historia de la vida en este planeta. ¿Por qué deberíamos renunciar a eso? ¿Por qué no se lo damos a nuestros hijos? ¿Por qué es que en una ciudad como Los Ángeles, una ciudad de tantas iglesias y templos y mezquitas, sólo hay un lugar como este Centro para la Investigación? ¿Y eso es sólo para los que estamos hoy aquí? ¿Menos de un centenar de personas en una ciudad de millones? ¿Por qué? ¿Por qué el mensaje de la ciencia no agarra a la gente de sus almas y les da el tipo de gratificación emocional que la religión ha dado a tanta gente?

Esto es algo contra lo que creo tenemos que luchar a brazo partido. Hay una confusión general en nuestra sociedad. Hay una gran pared que separa lo que sabemos de lo que sentimos.

La medicina ha tenido un juramento que se remonta a Hipócrates. Hipócrates es un personaje increíble, tanto el padre de la ética científica como el primer articulador de la idea de que la humanidad se libera al descubrir el universo. Él es uno de los filósofos presocráticos de los que hablaba antes, y dijo algo que resonó dentro de mí en un momento de mi vida en el que me di cuenta de lo que iba a ser mi camino. Sus palabras me inspiraron a intentar tan duro como pudiera en mi propia vida el hacer que importase lo que es verdad . Hipócrates estaba escribiendo en un ensayo llamado “Enfermedad Sagrada” hace 2.500 años. Estaba escribiendo acerca de la enfermedad sagrada que ahora se llama epilepsia, y con total naturalidad dijo algo que me golpeó como un rayo. Voy a parafrasear : "¿La gente cree que esta enfermedad es sagrada, simplemente porque no saben cuál es su causa? Algún día creo que lo harán, y el momento en que averigüen por qué las personas tienen epilepsia, dejará de ser considerado divino." ¿Por qué no tenemos escuelas de todo el mundo que enseñen a los niños acerca de Hipócrates, sobre el poder de hacer preguntas, en lugar de cuentos con moraleja sobre el castigo por hacerlo? A nuestros niños no se les enseña en la escuela sobre Hipócrates, no se les enseña acerca de este proceso multigeneracional de despojarnos de las supersticiones, el reconocimiento de un falso patrón, y todas las cosas que van con él, el racismo, el sexismo, la xenofobia, toda esa constelación de equipaje que llevamos con nosotros. Vivimos en una sociedad donde ahora nuestro liderazgo tiene que ver con la promoción de la superstición, la promoción de la xenofobia.

A mí me parece que el mayor reto al que nos enfrentamos es el de desarrollar un lenguaje que acople el escepticismo de mirada fría y el rigor de la ciencia con un sentido de comunidad, un sentido de pertenencia que la religión ofrece. Tenemos que hacer que lo que es verdad importe. Si por el contrario se dice que lo que realmente importa es tener fe, lo que realmente importa es creer, nunca vamos a llegar allí. No es suficiente tener cuarenta minutos de ciencia en el programa de la escuela todos los días, porque la ciencia no debe ser compartimentada de esa manera. La ciencia es una forma de verlo absolutamente todo.

Lo que me parece decepcionante sobre la mayoría de las creencias religiosas es que son una especie de declaración de desprecio por la naturaleza y la realidad. Son absurdamente arrogantes. Contiene los mitos de unos pocos miles de años por encima de muchos miles de millones de viaje de la naturaleza. Dicen que la realidad es inferior y menos satisfactoria que las historias que inventamos.

Tenemos que crear una comunidad de escepticismo para personas de todas las edades. Necesitamos desesperadamente un poco de buena música. No tenemos que cortar las esquinas en nuestro espíritu de escepticismo. Tenemos que aprender a inculcar un sentido de comunidad, una experiencia racional de la comunión con la naturaleza y con los demás.

Me encantaría ver, en realidad, no tanto la construcción de más Centros para la Investigación, lo que sería genial, sino ¿por qué no hacerse cargo de los planetarios del país, de los cuales hay cientos, y convertirlos en lugares de culto? No el culto a la ciencia que tenemos ahora. Siempre dan el mensaje, una y otra vez, que nuestra comprensión podría estar equivocada, esto es lo que pensamos en este momento. La maravilla de la ciencia es que es posible que descubra que todo esto es falso. Por qué no hacerse cargo de estos lugares y celebrar los servicios en los planetarios. Podemos conectar. Podemos encontrar la inspiración en las revelaciones de la ciencia. Podemos tener el escepticismo y el asombro, ambos.

Para mí, la fe es la antítesis de los valores de la ciencia. No la esperanza, que es muy diferente de la fe. Tengo mucha esperanza. La fe está diciendo que se puede conocer el resultado de las cosas sobre la base de lo que se espera que sea verdad. Y la ciencia está diciendo que en ausencia de pruebas, debemos retener el juicio. Es tan difícil de hacer. Es tan tentador creer en el detector de mentiras o en el cielo o que el como tu eres está basado en el día del mes en que naciste. Es una especie de autoestima no ganada. Es una identidad que se puede ir adecuando, y eso es tremendamente tranquilizador. Por lo tanto, no tengo ninguna fe, pero tengo mucha esperanza, y tengo un montón de sueños sobre lo que podríamos hacer con nuestra inteligencia si tuviéramos la voluntad y el liderazgo y la comprensión de como podríamos aprovechar nuestra inteligencia y nuestros recursos y crear un mundo para nuestros hijos que sea esperanzador.

Tuve una experiencia maravillosa al escribir para el relativamente nuevo Rose Center en el Planetario Hayden de Nueva York. Es la realidad más grande de teatro virtual en la Tierra; totalmente inmersiva en la experiencia de viajar a través del universo. Tuve el honor de co-escribir, junto a nuestro co-guionista de Cosmos Steve Sotero , los dos primeros shows que inauguraron el centro planetario. Y esto es lo que me hizo pensar en cómo podríamos ofrecer algo que fuera al menos tan convincente como lo que cualquiera en el negocio de la religión está ofreciendo. Tenemos la oportunidad de llevarte a través del universo, y a través de la historia no sólo de la Vía Láctea, sino también el universo más grande, y para decir algo - el segundo  de los documentales se llama “La búsqueda de vida , ¿Estamos solos?” - Algo acerca de la naturaleza de vida. Es un mensaje muy inflexible acerca de la evolución y creo que fomenta muy directamente el tipo de valores e ideas que creo que compartimos. Cada niño que va a una escuela pública de la ciudad es llevado a estos espectáculos. Fue revelador para mí, en primer lugar, hasta dónde se puede ir en esta dirección, y lo que se podría hacer con la música y una capacidad técnica fantástica que te permitiese recorrer la parte del universo conocido para conocer algo acerca de él. De verdad te aferras a tu silla. Te sientes como si fueras a viajar a través de las galaxias. Es edificante. Recibo constantemente correos electrónicos acerca de esto y todos dicen lo mismo: que me hizo sentir parte de algo. Usted me hizo sentir, aunque soy muy pequeño, que soy parte de este mayor tejido de la vida que es tan hermoso. Y ese es el tipo de cosas en lo que Cosmos Studios está trabajando, todos nuestros proyectos. Si no se combina la ciencia rigurosa con esa sensación de elevación, de inmensidad, entonces este proyecto para nosotros no sirve. Así que diría que hay mucho en el mundo del espectáculo que podríamos estar haciendo y tiene el poder de llegar realmente a la gente .

Desde que fundamos Cosmos Studios en la primavera de 2000, hemos logrado lo siguiente: Vamos a lanzar Cosmos 1, la primera nave de vela solar a finales de este año. Nuestros socios son la Sociedad Planetaria y el Centro de Investigación Espacial Babakin de Rusia. En realidad, estamos lanzando la nave espacial desde un misil balístico intercontinental con base en un submarino ruso. Hemos adoptado esta arma de destrucción masiva y la hemos convertido en un medio para avanzar hacia el sueño de la exploración espacial. La vela solar es una idea que ha existido en torno a la ciencia desde la década de 1920, pero nunca se ha intentado antes. Si tenemos éxito, habremos demostrado un medio práctico para, literalmente, montar en la luz haciendo el camino a las estrellas. Comparamos nuestra vela solar a lo que hicieron los hermanos Wright en Kitty Hawk, porque a pesar de que estuvo en el aire durante sólo doce segundos y a 165 pies, demostraron que el vuelo con motor en un vehículo más pesado que el aire era posible. Lo que estamos tratando de demostrar es que la vela solar es posible, y ésta es la única manera físicamente sana que conocemos para viajar tan rápido que empieza a ser factible hacer vuelos interestelares en el tiempo humano de escalas de dos mil años hasta la estrella más próxima en vez de veinte mil años.

Cosmos Studios ha financiado la investigación que se ha traducido en dos artículos publicados en la revista Science. Hemos producido una versión perfectamente arreglada de la serie de televisión Cosmos con trece horas en DVD. Hemos producido tres documentales de larga duración. Tal vez nuestro proyecto más prometedor es una nueva forma ambiciosa de enseñar la ciencia desde preescolar hasta la escuela secundaria. Esto implica un enfoque totalmente nuevo en los planes de estudio. Esperamos involucrar a la gente desde la primera infancia en la ciencia como una forma de pensar.

También estoy trabajando en un libro que trata sobre los temas que he tratado de cubrir aquí.

[En respuesta a una pregunta sobre el papel de Carl Sagan en la obtención de apoyo para la búsqueda científica legítima de inteligencia extraterrestre (SETI) y entendiéndose con los creacionistas]:

El Congreso cortó el financiamiento federal para el SETI hace años. Yo estaba con Carl cuando entró en la oficina del senador William Proxmire después de que éste hubiese dado el premio Golden Fleece al programa SETI. Carl se sentó con él. No dije ni una palabra. Sólo era un testigo. Y solo miraba a Carl. Me inspiré en él, no sólo por la amplitud de sus conocimientos, sino por su paciencia, su falta de arrogancia, su disposición a escuchar a la otra persona. El Senador Proxmire hizo un giro copernicano como resultado de esa reunión.

Y hubo otros casos de notable capacidad de persuasión de Carl. Uno de ellos es una gran historia de un llamado "científico creacionista " que vio a Carl testificar en una audiencia sobre el creacionismo en las escuelas. Carl testificó durante unas cuatro horas. Fue en algún lugar en el sur, no recuerdo dónde. Y seis meses más tarde llegó una carta del experto "científico creacionista" que también había declarado ese día, diciendo que había renunciado a su trabajo durante el día y se dio cuenta del error de lo que estaba haciendo. Fue sólo porque Carl era muy paciente y estaba dispuesto a escuchar a la otra persona. Lo hizo con mucha amabilidad y luego, con mucho cuidado, pero sin ponerse en peligro, expuso todas las cosas que estaban mal de lo que ese hombre pensaban que eran ciertas. Esa es una lección que me gustaría que todos nosotros en nuestro esfuerzo por promover el escepticismo pudiéramos aprender, porque sé de la ira que muy a menudo siento cuando me enfrento a este tipo de pensamiento y las ganas que me entran de empezar a cortar a la otra persona. Pero hacerlo es abandonar toda esperanza de cambiar mentalidades .

Cuando murió mi marido, porque él era muy famoso y conocido por no ser un creyente, muchas personas venían a mí - todavía sucede a veces- y me preguntaban si Carl cambió al final y pasó a tener alguna creencia en una vida futura. También con frecuencia me preguntan si creo que lo voy a volver a ver. Carl se enfrentó a su muerte con valentía y tenacidad y nunca buscó refugio en ilusiones. La tragedia fue que nos dimos cuenta de que no nos volveríamos a ver de nuevo. No espero reunirme con Carl nunca más. Pero, lo bueno es que cuando estábamos juntos, durante casi veinte años, vivíamos con una apreciación vívida de lo breve y preciosa que es la vida. Nunca hemos trivializado el significado de la muerte fingiendo que era algo más que una separación definitiva. Cada momento que estábamos vivos y que estuvimos juntos fue milagroso, no milagroso en el sentido de lo inexplicable o sobrenatural. Sabíamos que éramos beneficiarios del azar. . . . Esa pura casualidad podía ser tan generosa y tan amable . . . . Que pudimos encontrarnos el uno con el otro, como escribió Carl tan bellamente en Cosmos, ya sabes, en la inmensidad del espacio y la inmensidad del tiempo . . . . Que pudimos estar juntos durante veinte años. Eso es algo que me sostiene y es mucho más significativo. . . . La forma en que él me trató y la forma en que yo lo traté, la manera en que nos hicimos cargo el uno del otro y de nuestra familia, mientras él vivió. Eso es mucho más importante que la idea de volverlo a ver algún día. Creo que no volveré a ver a Carl de nuevo. Pero lo vi. Nos vimos. Nos encontramos el uno al otro en el cosmos, y fue algo maravilloso.